Pregón de San Bartolomé 2013 – Por Pili y Trini

Gracias a Leticia Acero (hija de Trini, una de las pregoneras de las fiestas de Melgar de este año) tenemos aquí el pregón que las hermanas Pili y Trini ofrecieron el pasado 22 de agosto en el Ayuntamiento, y con el que arrancaba San Bartolomé 2013.

Las hijas de Tomás recordaban en sus palabras lo felices que fueron durante su niñez y juventud aquí en Melgar, el pueblo que les vio nacer y crecer, y la pena que sintieron al dejarlo, a pesar de que se escapan aquí siempre que pueden.

Desde aquí gracias a ellas por poner todo su empeño en este discurso, a Leticia por mandárnoslo, y permitidme tres agradecimientos más que no hice en su momento. Mil gracias a Mecho por crear la portada de la Feria Gastronómica de día otro año más, a Javier García Muñoz por colaborar siempre en el diseño de los carteles de Melgar y por último, pero no menos importante, a Pablo Arenales, quién desde Londres ayudó con los últimos ajustes del cartel de fiestas de este año.

Muchas gracias a todos. Ahí va el pregón:
Pregón

Melgarejos y melgarejas, buenas tardes.
Es para nosotras una gran alegría y un profundo orgullo el poder hacer de pregoneras en la fiesta de nuestro pueblo, en San Bartolo 2013. Queremos agradecer también a nuestro alcalde y comisión de festejos que hayan depositado en nosotras esta noble tarea del pregón. Nosotras, que siendo hijas de Melgar, tuvimos que separarnos de él e irnos a otra tierra donde también hemos sido felices, aunque siempre con ese dolorcillo en el alma.

Llevamos a Melgar en la sangre, en el recuerdo y en el tiempo. Somos de Melgar, no sólo por haber nacido aquí, sino porque nuestros abuelos, padres y amigos son de aquí. Por eso en vacaciones y fiestas, tenemos este encuentro con el pasado que tanto nos gusta.

También es novedad que dos hermanas den el pregón y es una faceta que indica los cambios que se han producido en la sociedad. Por este balcón ha pasado mucha gente que ha hecho pregones hermosos, incluso poéticos, nosotras no pretendemos igualarlos pero tened por seguro que lo que os digamos, lo diremos desde el cariño y el afecto. Este es nuestro pregón:

No vamos a hablar de la historia de Melgar porque todos la conocéis ya. Ni de fechas importantes. Ni de moros y cristianos. Ni de riadas ni años malos. Ni de guerras de Castilla ni de otro lugar. Os vamos a relatar una humilde leyenda, corta pero real: nuestra leyenda, que también es la de muchos de vosotros.
Hace muchos años, bueno, no tantos, allá por los 60, en un lugar como éste vivían dos hermanas, felices y contentas por pertenecer a un sitio tan hermoso y tranquilo. Su infancia transcurría dichosa, jugando y correteando por sus rincones preferidos: un sitio que llamaban el palacio, que pudo ser de algún conde, y las ruinas de una iglesia hoy convertidas en mirador, pero sobre todo por un río, un río flanqueado con infinitas hileras de árboles, donde jugar al escondite o echarse la siesta.
Se bañaban en su cauce inigualable y limpio, sin permiso de sus padres, y cuando volvían a casa tenían que aguantar alguna que otra regañina o el zapatillazo cariñoso de costumbre, pero había merecido la pena. Era el río de sus sueños y por aquel baño se aguantaba lo que fuera. El mismo río, que daba grandes cosechas y grandes alegrías a los pescadores viejos del lugar, a ellas les dio muchas tardes dichosas que han vuelto a revivir con la emoción del recuerdo.
Recuerdos de agua transparente corriendo entre las piedras. Ese rumor que nunca se olvida. El aire zarandeando las hojas de los chopos y que a veces asustaba, o aquella tormenta de verano que les hizo subir corriendo para casa, empapadas y nerviosas, y por la que olvidaron en la rivera más de una cosa.
El río
Fueron creciendo, sus aficiones cambiaron y sus obligaciones también. Empezaron a ir a una escuela llena de niños con los que jugar y hacer amistad. Aprendieron de su maestra muchas cosas. Aprendieron a ser buenas personas, pero sobre todo aprendieron a no olvidar que su pueblo y su gente eran lo mejor de su vida. Que tenían que quererlo siempre. Que debían luchar por él allá donde fueran. Que las matemáticas y la lengua eran muy importantes, pero los sentimientos lo eran mucho más.
Llegó la adolescencia y empezaron a ayudar en casa todo lo que pudieron. Recorrieron aquel campo lleno de majuelos, donde vendimiaron en más de una ocasión y aguantaron alguna que otra vez las lagaretas de los mozos del lugar. Volvían a casa en aquellos remolques llenos de gente y de uvas, cansadas pero dichosas y cantando porque sabían que estaban contribuyendo a la economía familiar.
Se aseaban, se ponían guapas y a correr. ¡A vivir las calles! ¡A respirar Melgar! A aprenderle de memoria. Descubrieron que su pueblo tenía bodega cooperativa (que no sabían lo que era aquello pero sonaba muy bien), que por sus campos crecía el trigo y la cebada, la remolacha y las patatas, que alguna vez tuvieron que recoger. Descubrieron que había ovejas, vacas y cerdos. Varias fuentes y dos molinos. Una fragua que con el tiempo fue taller. Una fábrica de queso que empezaba a ser famosa. Y dos serrerías que hacían temblar a los plantíos del río aquel. Varias tiendas donde podían encontrar cualquier cosa, desde unas alpargatas a una gaseosa. También tenían panadería, donde olía a gloria, y te relamías sólo con entrar. Hasta había en el pueblo una DKW para ir al mercado de otro sitio más señorial.
¿Qué más podían pedir? Pero lo que más les llamaba la atención era que llegando agosto, en casa, se respiraba de un modo especial. Había un ajetreo inusual de cazuelas. Olía a moje. Las gallinas y conejos se encomendaban a Dios. ¡Llegaba la fiesta! ¡Llegaba San Bartolo! Sabían que tenían que buscar local para la peña, limpiarlo de las telarañas de muchos años, sin que nadie hubiera entrado allí. Ponerlo bonito. Llenar el techo de ramas recién cortadas con aquel olor especial. Después, clavar con chinchetas en las paredes hojas de revistas de chicos guapos para tapar los desollones y que al poco tiempo caían sobre sí mismas de tanto abrir y cerrar la puerta. Una mesa coja y un banco con carcoma eran los muebles de aquel lugar.
Había que hacer la limonada. Ponerse un poco contentas con su dulce y pegajoso sabor para caer rendidas pero felices de tanto bailar y de madrugada, chocolate y sopas de ajo, para reponer fuerzas y a barrer la plaza. Ir a la diana y a misa mayor. Era como una liberación sentir la frescura de la iglesia y el respetuoso silencio del consabido sermón. El murmullo de la gente…La ropa nueva…La música de aquel coro divino… “¡NO TE DUERMAS!” -Te decía alguien por detrás.
El tiempo continuó su curso, las dos niñas se hicieron mocitas y tuvieron que llorar también por una joven amiga que se les fue. Pero la vida siguió, porque siempre sigue, y deja sus heridas. Heridas que han sufrido algunos de sus amigos y que ellas han tratado de ayudar a curar. Saben que tienen todo su cariño de verdad.
Las hermanas avanzaron en su caminar y con el tiempo pasó lo que pasa a cierta edad. ¡Se enamoraron! Y en eso sí que le fallaron a su pueblo del alma. El destino, le jugó una mala pasada. ¡La única! Aunque es verdad que sus compañeros de viaje, compartieron con ellas su pasión por Melgar, por eso merecen vuestro perdón, no se lo toméis en cuenta. ¡Eran muy jóvenes! Tenían que aprender.
Aún así no os preocupéis porque de quien realmente están enamoradas es de todos vosotros y de Melgar. Se fueron de aquí con el corazón roto y siempre supieron que sus raíces estaban en esta tierra. Que harían lo que fuera por volver siempre que pudieran. Y así lo han hecho durante todos estos años. Animando además a sus hijos (y maridos) a sentir como ellas. A participar y compartir tareas. A colaborar y poner su grano de arena.
Desde antaño se dan cita con el santo. Han llorado en su procesión y le han cantado. Le han rendido su humilde tributo acompañándole en el día de su fiesta, llevándolo siempre en su corazón. Por él se han disfrazado de gitanas, egipcias y romanas. Enterradoras y hawaianas. De la virgen de la Vega y de mujeres de la vida alegre. Incluso ahorcaron a un amigo, pero mal, porque todavía sigue por ahí. Debió ser un milagro del santo patrón.
Finalmente trabajaron con gusto para que las costumbres que hacen pueblo no se perdieran. Las dos mocitas siguieron yendo a la cuna de su niñez, y volvieron durante muchos, muchos años más. Y ya de viejecitas, se les llenaron los ojos de lágrimas porque un día de agosto del año del señor de 2013, su pueblo les pidió que le rindieran homenaje dando este pregón.
Todavía piensan que están soñando, y que en cualquier momento aquellas dos niñas aparecerán subiendo la cuesta del río. ¡No quieren despertar!
Gracias por habernos escuchado y a divertirse.
¡VIVA SAN BARTOLOMÉ!

PD: Aprovechando la oportunidad que nos habéis dado, queremos pedirle al excelentísimo alcalde, que el año próximo organice desde este ayuntamiento una exposición sobre la historia de los disfraces de todas las peñas, con fotos, vídeos e incluso trajes agradeciéndole de antemano su preocupación. Nada más y felices fiestas.

¡VIVA MELGAR DE ARRIBA!

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One response to this post.

  1. Posted by MNX19 on septiembre 28, 2013 at 9:54 am

    Melgarejo!! Un abrazo muy fuerte y a seguir haciendo arte como tú sabes 🙂 Espero que volvamos a coincidir en Santander pronto o si no en Puce. Pero eso sí, sin lluvia… ^^ Disfruta del pueblo y hasta pronto!

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