Septiembre (Dedicado a Enrique)

SeptiembreLlega septiembre, e inevitablemente, como siempre ocurre, toda la gente que pasa la temporada estival en Melgar (que es mucha) nos deja y regresa a sus obligaciones y a las ciudades en las que vive durante el “curso escolar”.

Da un poco de pena, porque de repente se nota el pueblo mucho más vacío. Eso sí, septiembre es sin duda uno de los mejores meses del año, por lo menos para Melgar. ¿Por qué digo esto? Porque la temperatura es muy agradable (más moderada que en los dos meses anteriores) y porque la luz de estos días nos deja postales increíbles, cuya belleza muchas veces la fotografía no es capaz de captar en su totalidad.

También es verdad que para muchos y muchas (entre ellos, el que escribe), septiembre es sinónimo de incertidumbre. ¿Qué haré este año? ¿De qué me ganaré la vida? ¿Cuál será mi siguiente destino? ¿Estaré tomando las decisiones adecuadas? …Estas son algunas de las preguntas que rondan la cabeza de muchos veinteañeros (y no tan veinteañeros) en este tiempo en el que verano se vuelve otoño.

Desgraciadamente, con cada inicio de curso, vemos que ha habido personas por el camino que nos han dejado. Personas que, desgraciadamente, no volverán a Melgar de Arriba el verano que viene. Enrique Domínguez Domínguez es una de esas personas.

Todos los veranos, y a pesar de sus dolencias y achaques físicos, se acercaba a la oficina de turismo a alegrar a un servidor. Compraba mucha lotería, compró mi libro (“El hombre que tú necesitas”), prometiéndome que lo leería, y me contaba que estaba orgulloso de haber sobrevivido a una guerra y a mil desplantes del destino. Enrique era una de esas personas de las que no te olvidas.

Por eso, me extrañó que no viniese a visitarme este verano, cuando abrí la oficina a mediados de junio. Fue entonces cuando me enteré de que Enrique nos había dejado, el pasado 6 de enero de este año.Hasta siempre, Enrique.

Al menos, este verano tuve la oportunidad de conocer a su encantadora viuda, Teresa, que sigue viniendo por el pueblo. Desde aquí le mando mucho ánimo, a ella y a sus hijos (Kike, Mari Cruz y Jorge) y nietas (Andrea y Elisa).

Dedico esta actualización a mi amigo Enrique, con el que compartí algunas charlas en los últimos años. Dicen que nadie desaparece del todo si alguien le recuerda. Este mes de septiembre, yo te recuerdo, Enrique, y lo hago como a ti te gustaría: con una sonrisa.

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